He visto mucho debate en redes acerca de la razón de ser de la quinta entrega de Toy Story. Algunos dicen que, si las primeras tres fueron la historia de Woody, ahora es tiempo de Jessie. Otros argumentan que ambos arcos marcan el cambio tecnológico que han sufrido los juguetes y la evolución en la forma de jugar de los niños; otros más, simplemente, sostienen que es Disney explotando la franquicia para sacar más dinero. Yo creo que todos tienen razón. Si hubieran querido hacer otra historia de juguetes, la habrían hecho desde la tercera parte; sin embargo, aún se pueden contar historias con estos emblemáticos personajes y Disney lo tiene claro.
La trama ahora gira en torno a Bonnie quien, debido a su falta de habilidades sociales y a unos padres no muy atentos a este aspecto, obtiene acceso a una tablet. Con este nuevo juguete tecnológico, Bonnie se enajena con el dispositivo para luego sufrir discriminación, tanto por tener o no una tablet como por seguir jugando con juguetes tradicionales. Por esta razón, Jessie encara nuevamente los fantasmas del pasado para comprender, una vez más, su destino como juguete. Al final, tanto la tablet como Jessie logran que Bonnie consiga una amiga real y, como mensaje inspirador, varios niños reciben un Buzz Lightyear actualizado.
El doblaje, como siempre, es impecable. En español, no sé si cambiaron al actor de siempre de Woody, pero suena más serio, más adulto. Al momento de escribir estas líneas, no he visto la versión original, donde Tom Hanks sigue siendo la voz oficial. En el apartado de animación hay una mejora notable desde mi perspectiva: las ensoñaciones de Bonnie —o Blaze— presentan un estilo diferente, una mezcla entre caricatura con sombreado y elementos 3D que le dan un toque de frescura al estilo tradicional de la saga. Asimismo, el trabajo de animación es destacable en la escena en la que Bonnie enfrenta su conflicto: quiere sus juguetes, pero también conservar las amistades de su red social; su rostro refleja tristeza, miedo y pena. Detalles que cualquiera que haya convivido con un niño pequeño reconoce de inmediato. Respecto a la banda sonora, para mí, no posee ninguna melodía memorable o impactante.
En conclusión, Toy Story 5 es una película que posiblemente plantee el cierre definitivo para nuestros juguetes y para los niños y jóvenes que crecieron con las primeras entregas, proponiendo un nuevo capítulo con juguetes distintos para la nueva generación. La recomiendo, aunque no es una película indispensable en la colección.






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