Hagamos un ejercicio de memoria. De todas las películas que has visto —acción, drama, comedia, terror, eróticas, etcétera—, intenta recordar aquellas que salían de su género porque pretendían ofrecer algo diferente u original. Ahora recuerda aquellas que fueron tan distintas que finalmente no obtuvieron el gusto del público en su momento y no lograron el éxito esperado o, peor aún, se quedaron exiliadas de la memoria colectiva del público común. Pues bien, El manuscrito de Dante entra en este grupo, aunque no sé si por tener un guion ambicioso, una dirección bien elaborada o un elenco de primera.

La trama se divide en dos tiempos: la vida de Dante Alighieri en la Italia prerrenacentista y la vida de Nick Tosches, un escritor en la era actual. La película plantea que Nick es Dante, quien se reencarnó en la época actual para reunirse con su verdadero amor, que no es Beatriz. La historia mezcla los problemas con la mafia en el presente con los problemas espirituales y filosóficos que vivió Dante en su tiempo.

La combinación de filosofía con acción y con el manejo del destino como una constante universal —al emplear a los mismos actores en papeles distintos en el presente y en el pasado, además de intercalar extractos del libro— hace de la cinta una experiencia «entretenidamente tediosa».

Óscar Isaac, como Nick y Dante, no hace más que demostrar su nivel histriónico, pues te es posible distinguir las personalidades de ambos personajes. No es que solo haga gestos como la chica de Obsesión o emplee otro peinado para ser otra persona. Gerard Butler, como Loui y el Papa, no cuenta la misma historia; no se sienten tan distintos aun cuando los dos se manejan de la misma manera ética. Yo creo que a Gerard le faltó echarle más ganas al interpretar al Papa. John Malkovich, como el capo Joe Black, nos deleita con su toque cínico y pedante de siempre. Jason Momoa y Gal Gadot cierran la segunda mitad: el primero hace lo que sabe hacer de matón, bravucón y tipo rudo; la segunda, la verdad, le quita valor a la película. En español, la actriz de doblaje le ayuda demasiado, pues en el idioma original es pésima. Esto me confirmó los memes y las críticas a su actuación como Mujer Maravilla en inglés. Indudablemente la colocaron por ser una cara bonita y reconocible. Ni siquiera Martin Scorsese o Al Pacino, en sus diminutos papeles, se ven tan mal.

En conclusión, El manuscrito de Dante es una película de arte que no tiene por qué gustarle a todos, pues el propósito del director al llevar este libro a la pantalla debe de cumplir alguna expectativa que mi limitado intelecto no entiende. La recomiendo si quieres ver un drama distinto y si te gusta o has escuchado de La Divina Comedia. Lo bueno es que, si te empieza a aburrir, la puedes pausar —pues está en Netflix— y continuar viéndola en otro momento.

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