Seguramente te ha pasado, o al menos a mí sí: vas a la tienda buscando una «coquita» bien helada y te topas con la realidad de que no hay, quedando solo las marcas de relleno como Red Cola, Big Cola y compañía. Compras una de esas porque, según tú, «es mejor algo que nada». El primer sorbo sabe bien, pero conforme avanzas, la satisfacción se convierte en malestar. Al final, concluyes que hubiera sido mejor «nadota». Pues lo mismo pasa con Supergirl.
La trama ya nos la habían planteado en el tráiler: ella anda de parranda en un sistema solar con sol rojo para que el alcohol por fin le pegue, arrastrando la pena por la desaparición de su planeta y sus padres hace años. Cierto día, en un bar, se topa con una niña que pide ayuda para vengar la muerte de sus padres a manos de una organización criminal. Kara interviene para evitar que la golpeen y, ahí mismo, ambas conocen a Lobo. En su búsqueda de venganza, Kara termina arrastrada a proteger a la chica, mientras el camino de Lobo se cruza con ellas una vez más en la nave nodriza de los villanos. Tras peleas, destrucción y un poco de violencia, derrotan a los malos; Lobo no consigue mucho más que haber apoyado a Kara, y la niña obtiene el respeto que buscaba —y su venganza se convierte en justicia—. Finalmente, Supergirl regresa a la Tierra al lado de su primo.
Olvidé mencionar que Kara buscaba a los mismos malosos porque envenenaron a Krypto, pero si observan bien los acontecimientos, solo en dos ocasiones se enfocan en el antídoto; el resto de las peleas fueron puramente por proteger a la niña. La actuación de Milly Alcock como Supergirl se siente falsa, sin armonía. El nivel histriónico que demostró en La casa del dragón aquí es inexistente; te deja pensando que cualquier rubia que hubiera elegido Gunn habría tenido el mismo desempeño.
En cuanto a Jason Momoa como Lobo, hay momentos en los que sí proyecta la personalidad del czarniano, pero no es suficiente para considerarlo su mejor trabajo. Aunque, hay que notar que si Lobo hubiera tenido más tiempo en pantalla o mayor peso en la trama, su interpretación se habría llevado la película. El resto del elenco cumplió, sin nada ni nadie sobresaliente. La banda sonora tiene una que otra joya, algo a lo que Gunn ya nos acostumbró, pero tristemente no tiene un tema emblemático. Los efectos visuales están bien, aunque tampoco ofrecen nada del otro mundo, más allá del hecho de que Krypto ahora tiene más pelo digital.
En conclusión, Supergirl es una película que prometió mejorar el inmaduro universo cinematográfico de DC y que, al contrario, termina decepcionando. A pesar del guion tan simplista, creo que el fallo principal recae en la dirección. Faltó definir qué versión de Supergirl querían mostrar y ser fieles al personaje; cambiar a una figura tan definida por la de una «chica rebelde» es como volver a Batman «el señor de la luz y la amistad». Véanla en streaming cuando esté disponible en el plan gratuito; no pierdan su dinero.






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