Steven Spielberg ha estado presente en todos los momentos de mi vida: en mi infancia con E.T., el extraterrestre, en mi juventud con Jurassic Park, y aunque no soy adepto a Indiana Jones, debo admitir que las vi en su momento. He visto casi todas sus películas; es un director muy bueno que, en general, lleva a buen puerto sus proyectos. Sin embargo, esta cinta es mala, tanto en guion como en dirección.
La película nos cuenta las desventuras de Daniel y Margaret, dos personas ajenas entre sí que terminan conectadas por haber sido abducidas y alteradas por seres de otro planeta para preparar el terreno de un contacto abierto entre especies. Daniel puede entender todos los idiomas, pues todos parten de las matemáticas, mientras que Margaret es algo así como una empática o una psíquica de bajo nivel. Ambos tienen la misión de mejorar nuestra tecnología y hacernos conscientes de que existen otros seres vivos inteligentes en el universo. Como esto no es fácil de digerir —o no es conveniente para los Estados Unidos y otros grupos—, existe una organización que intenta por todos los medios impedir que estos dos se junten y difundan información clasificada a la población mundial.
La premisa no es mala; el error es sacar esta película en esta época. Los estudiosos del fenómeno OVNI llevan años difundiendo material que exhibe estos hechos; la revelación ya se conforma de videos completos de las grabaciones gubernamentales que se compartieron hace tiempo. Ya sabemos que hay videos y sabemos que es muy posible que los alienígenas estén entre nosotros e incluso influyan en nuestros gobiernos —bueno, eso ya es tema de Los Expedientes Secretos X—. El punto es que la gente ya está desensibilizada del tema. Si nos invaden o no, tampoco es una preocupación real para la población, pues es más atemorizante ver cómo existen naciones peleando por recursos y dinero a costa de la vida de miles. Si a esto sumamos que el proceso de encuentro entre Margaret y Daniel es lento y «hollywoodensemente» bobo, resulta poco creíble que dos personas sin conocimientos de rastreo o logística burlen a una institución que opera con tecnología de punta, satélites y cámaras en todo Estados Unidos. Por esta razón no impacta, no ofrece una visión nueva ni propone nada distinto: es la historia de Jaime Maussan, pero contada de forma aún más aburrida e interpretada por Eugenio Derbez.
En conclusión, El día de la revelación es una película de ficción y acción muy floja. No creo que sea la edad la que haya hecho mella en el ojo de cineasta de Spielberg; el guion es simplón, y toda esa carga explicativa que desemboca en que la simple aparición del «marciano mayor» en televisión abierta sea suficiente para cambiar al mundo, se siente como una pérdida de tiempo. Véanla solo en streaming y de forma gratuita.






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