La ciencia ficción espacial se ha ido diluyendo con el tiempo entre viajes rutinarios a Marte, exploraciones en nuestro sistema solar o, como en este caso, saltos a galaxias lejanas en busca de un nuevo hogar. Si el viaje interplanetario ya no sorprende y el hallazgo de vida alienígena casi se da por sentado, ¿qué le queda al género para atrapar al público? La respuesta es simple: una interpretación sólida y un drama íntimo, elegantemente enmarcado en una ópera espacial.

La premisa arranca sin rodeos: el Sol —y por consecuencia, la Tierra— tiene los días contados. Una bacteria espacial que se alimenta de fotones amenaza con apagar nuestra estrella y el resto del universo. Tras analizar este comportamiento, un biólogo determina que la única salvación es interceptar a estos organismos en el espacio profundo, estudiarlos y enviar los resultados de vuelta para erradicarlos. Por azares del destino, este científico termina en la tripulación y, tras una tragedia, se convierte en el último sobreviviente. Solo y a años luz de casa, emprenderá una misión contrarreloj que logrará sacar adelante gracias a una inesperada alianza con un carismático ser extraterrestre al que bautiza como Rocky.

En el apartado técnico y actoral, la propuesta cumple con creces. El apartado visual —tanto el entorno espacial como el diseño de Rocky y su civilización— está muy bien logrado, mientras que la banda sonora acompaña con acierto cada momento en pantalla sin saturar. Por su parte, Ryan Gosling demuestra una vez más por qué es un valor seguro cuando se trata de cargar con el peso de dramas ligeros y personajes entrañables.

En conclusión, Operación fin del mundo es una propuesta refrescante que le da un giro inteligente al clásico motivo del viaje espacial. El retrato de una forma de vida biológicamente distinta, que rompe el molde al no estar basada en el carbono ni respirar oxígeno, aporta una variedad muy necesaria a los alienígenas que solemos ver en el cine. Es una opción totalmente recomendada: entretenida, con un toque de realismo científico bastante bien cuidado y que demuestra con creces que no hace falta recurrir a la violencia para mantener al espectador cautivado.

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