Últimamente abundan las producciones de ciencia ficción obsesionadas con viajes en el tiempo, anomalías temporales y fuerzas místicas. Esta cinta se sube a esa misma ola y busca sostenerse en un par de nombres de peso en los créditos, aunque el resultado final diste de ser memorable.

La premisa nos presenta al cliché andante de la familia suburbana estadounidense: un padre en plena crisis de mediana edad con problemas laborales, una madre que reparte su tiempo entre las tareas domésticas y escribir un libro, un hijo inadaptado y la infaltable hija adolescente perspicaz. Todo marcha dentro de su predecible monotonía hasta que una tormenta eléctrica aparentemente normal transporta a todo el vecindario directamente a la era de los dinosaurios.

A partir de ahí, la consigna es sobrevivir. Tras pasar días atrincherados, la familia decide salir a explorar y descubre la existencia de portales que podrían devolverlos a su época. Por supuesto, la imprudencia crónica de los hijos detona el caos y termina costándole la vida al padre. Devastados, pero convenientemente afortunados, encuentran un portal que los devuelve apenas unas horas antes del evento inicial. La madre aprovecha esta segunda oportunidad para llamar a medio vecindario y ordenarle a su esposo que abandone el lugar antes de que la línea temporal vuelva a tragárselo.

En el apartado actoral, el balance es irregular:

  • Anne Hathaway: Pese a ser una actriz con talento demostrado, aquí su personaje resulta exasperante por sus reacciones desmedidas y esa repentina lucidez táctica tras tomar una seguidilla de pésimas decisiones.
  • Ewan McGregor: Su rol como padre de familia cumple, pero no entusiasma; al menos aporta algo de dinamismo al ensamble.
  • El reparto juvenil: Bastante olvidable. El hijo se mantiene insoportable todo el metraje y la hermana jamás despega.

Los efectos visuales funcionan y se agradece ver dinosaurios con plumaje científicamente acertado, alejándose un poco de la sombra de Jurassic Park. Sin embargo, el guion hace aguas por todos lados: la enorme paradoja temporal generada al salvar al personaje de McGregor del bucle se barre bajo la alfombra sin la menor explicación. Ver a dos adultos enfrentar depredadores prehistóricos armados únicamente con un bate de béisbol durante media película cruza la delgada línea entre la tensión y el ridículo.

El final de la calle Oak es una cinta prescindible que no aporta nada nuevo al género. Sin escenas memorables ni riesgos creativos, su destino natural es el olvido. Conviene esperar su llegada al catálogo de alguna plataforma de streaming o engancharla con un 2×1 en taquilla.

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