En el género de acción, las películas de artes marciales y trancazos tienen un nicho bien establecido en México desde los años ochenta. Tal vez muchos desconozcan quién fue Francisco Goitia, pero la gran mayoría sabe quién es Bruce Lee. Los furiosos es una película de acción tradicional como hace tiempo no se veía por acá.
La trama nos cuenta cómo la hija de un «milusos» o todoterreno es secuestrada por una red de trata de personas en algún lugar de Asia. Dicha red estaba en la mira de una reportera que, al intentar rescatar a una víctima, ve cancelada su suscripción a la vida. Su pareja, al no tener noticias de ella, busca la forma de dar con su paradero. A la par, el padre de la chica, tras perder el tiempo con las autoridades y hacer sus propias pesquisas, llega a un bar donde es descubierto por uno de los malandros involucrados en el secuestro; ahí se arma la rebambaramba. En medio del caos, el novio y el padre se enfrentan por error, pero pronto descubren que persiguen al mismo enemigo.
Una vez coordinados, atacan el primer escalón: la parte operativa de la organización. Sin embargo, para sorpresa del público, existe un nivel gerencial desde donde provienen las órdenes y el dinero. Es el hijo del capo quien decide plantarles cara. El novio logra liquidar al asesino de su pareja, aunque sucumbe a causa de sus heridas, mientras que el padre libra el combate final contra el «junior» y sale victorioso. Hacia el desenlace, tras rendir homenaje al novio caído, el protagonista le comparte a su hija un poco más sobre su propio pasado.
Las coreografías destacan por su calidad y dinamismo; solo en un par de tomas resultan notorios los cables utilizados para acentuar el impacto de los golpes. Por su parte, las actuaciones cumplen con lo habitual para el género, donde el peso real recae en la destreza física del elenco.
Los furiosos es acción pura y dura. Cuenta con rostros reconocibles de Hollywood que aquí demuestran por qué la industria estadounidense suele relegarlos a papeles secundarios. Una opción bastante recomendable para quienes disfrutan del cine directo: sin rodeos ni abrazos, puro madrazo.






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