Para estas fechas, es rara la persona que desconozca qué es Resident Evil o El Huésped Maldito. Por lo tanto, cuando ves el título donde sea, te creas una expectativa que, en el caso de esta película, no se consigue satisfacer.
La historia se enfoca en Bryan, un repartidor al que, de último momento, le piden llevar un encargo a Raccoon City. Él, por la paga, no protesta y se lanza a la aventura. A mitad del camino atropella a una mujer y la transporta a un hospital. El público sabe que ella es un zombi, pero él no; este es un buen factor de ansiedad para el espectador. Poco después, lo detiene un policía que nota el estado de la mujer. Bryan sigue a la patrulla y ve cómo el vehículo se vuelca. Al notar que la mujer lo quiere matar, toma el arma del oficial y le dispara. Al ser novato, su puntería es pésima y termina dañando su propio coche, así que decide continuar a pie.
Llega a una casa donde, por teléfono, le deja una nota de voz a su novia. Allí adquiere un arma y es agredido por uno de los dueños del lugar. Resulta que la mujer del exterior es la esposa del zombi de adentro. Los mata, pero el virus hace que los cuerpos se fusionen y continúen con vida, firmes en su propósito de aniquilar a Bryan. Logra huir y encuentra refugio en otra casa, donde una niña con el pie infectado intenta asimilarlo con sus tentáculos, aunque solo termina mordiéndolo. Escapa de nuevo, esta vez gracias a la gente de Umbrella, quienes necesitan el paquete de Bryan, el cual resulta ser un agente estabilizador para el virus que se les salió de control.
En el trayecto pierde a sus acompañantes, por lo que le toca abrirse paso solo para llegar a la torre del hospital de Raccoon City, que es donde están esperando la entrega. Para este punto, Bryan ya presenta señales severas de infección. A media transformación, y tras matar al personal del laboratorio que había logrado desarrollar una vacuna, intenta aplicársela a sí mismo para curarse. Sin embargo, el tiempo apremia; siempre hay algo que le impide inyectarse y, cuando por fin la tiene en su mano (o tentáculo), la conciencia de Bryan muere. Solo queda el monstruo, quien desecha la vacuna y le hace frente a un escuadrón de helicópteros que se cierne sobre la ciudad junto con los rayos del sol.
La actuación de Austin Abrams es buena. Como no es un personaje canon de la saga, no se espera algo en concreto de él. El mayor defecto de esta cinta es que, a pesar de ser del género de terror, survival horror o zombis, no lleva elementos representativos de la franquicia. No hay un Wesker ni un Licker. Podríamos decir que los perros son muy parecidos a los de la serie; sin embargo, esos tentáculos que juntan a otros zombis para que sigan vivos, aunque visualmente lucen desagradables, funcionalmente son una tontería. El gordo de las cloacas que solo estaba relleno de ratas tampoco es un elemento clásico. Ni siquiera existe una referencia a Leon o al equipo S.T.A.R.S. Nada. Esto hace que la película no se perciba como una entrega de Resident Evil.
En conclusión, Resident Evil: Noche Cero es una película agradable de zombis; sin embargo, y como ya mencioné, esto no la hace merecedora de llevar ese título. Recomiendo verla, pero creo que, por la experiencia que ofrece, resulta económicamente más conveniente esperar a verla en streaming.






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