La actriz del año —al menos a mi juicio— es, sin duda, Zendaya: con un mínimo de tres películas en cartelera (La Odisea, Spider-Man: Un nuevo día y The Drama), nos ha entregado personajes radicalmente distintos con una versatilidad interpretativa sobresaliente.
La trama nos narra la historia de una joven pareja a punto de contraer nupcias: Charlie, un escritor un tanto torpe, y Emma, una chica con sordera en un oído. Todo marcha hasta que, durante una noche de copas con amigos, Emma confiesa de manera casual que alguna vez coqueteó con la idea de perpetrar un tiroteo en su secundaria, y que la lesión en su oído fue producto del disparo accidental de una escopeta. Esta revelación enfurece de inmediato a Rachel, cuya prima resultó gravemente herida en un suceso semejante.
El comentario no solo desata el rechazo absoluto del grupo hacia Emma, sino que siembra en Charlie una semilla de paranoia: empieza a cuestionar cada anécdota y detalle del pasado de su prometida, temiendo que todo sea una sarta de mentiras. Su inestabilidad mental escala a tal grado que intenta tener un encuentro íntimo con Misha, una compañera de trabajo, aunque se arrepiente a última hora. A pesar de todo, la boda sigue en pie —era un evento tan forzado y mediático que no cabía cancelación—, pero las inseguridades estallan cuando el novio de Misha, al enterarse del desliz, le propina una golpiza a Charlie. Tras la fiesta, al no hallar a Emma en casa, Charlie va a un restaurante; poco después llega ella y, entre lágrimas, se presentan el uno al otro como si fueran completos extraños.
Más allá del romance, The Drama retrata una sociedad —no solo norteamericana, sino global— profundamente antipática e insensibilizada ante las injusticias cotidianas, pero implacable a la hora de juzgar y lapidar en una reunión de amigos. El verdadero núcleo de la historia no es que Charlie sea un tipo tibio y quisquilloso, ni que Emma resulte ser un tanto extravagante o haya ocultado partes de su pasado; el eje central es cómo la presión y la influencia del entorno social fracturaron la cordura de Charlie. Sin ese juicio colectivo, lo más probable es que la boda se hubiera celebrado con normalidad y que Charlie se hubiese enterado de las verdades de Emma a su debido tiempo, sin tanta tragedia. Por lo demás, resulta sintomático que nadie armara un escándalo por verdaderas atrocidades del pasado, como el abuso contra una persona con discapacidad encerrada en un clóset o el uso de alguien como escudo humano.
En el apartado actoral, tanto Zendaya como Robert Pattinson defienden con solvencia a Emma y a Charlie. Destaca especialmente Pattinson, quien ya nos tiene acostumbrados a dominar este registro de personajes algo pusilánimes y extraviados.
En conclusión, The Drama no es la película del año ni una contendiente natural al Óscar. Hay propuestas mucho más entretenidas, sobre todo porque la primera mitad funciona como un efectivo somnífero y el conjunto carece de la fuerza necesaria para grabarse en la memoria. Échale un vistazo si tienes curiosidad, pero si decides pasar de largo, te aseguro que no te pierdes de gran cosa.






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