Ya hacía tiempo que no comentaba películas tan malas que, si mueres sin verlas, te garantizo que no te lamentarás en el más allá.

Entrega al límite (2026) Un mercenario es contratado para entregar un paquete que resulta ser un órgano para trasplante. La complicación surge cuando un mafioso decide mover toda la maquinaria de su imperio para hacerse con él; sin embargo, no contaba con que Alan Ritchson estaba a cargo del envío. Junto a su compinche, Owen Wilson, y después de más de una hora de trama simplona y predecible, logran que el órgano llegue a su destinatario original. Sí, hay acción, pero las escenas tipo El Transportador de bajo presupuesto terminan jugando en contra de la cinta. Si buscas buenas coreografías de pelea, disparos y persecuciones en coche, es obligatorio que busques otra opción. Aquí no es, joven.

Just Play Dead (2026) Un drama que se supone debería tener suspenso, pero que termina siendo más aburrido y tedioso que una sesión en la Cámara de Diputados. El personaje de Eva Green está atrapada en su matrimonio con el personaje de Samuel L. Jackson; lo que le impide dejarlo es que él es un capo poderoso, sumamente inteligente y rencoroso. Ella planea asesinarlo, aunque, irónicamente, para los intereses de él, esto representa la coartada perfecta para salir limpio del negocio y reiniciar su vida en otra parte. Al final, consigue fingir su muerte para escapar del fisco y de ciertos enemigos. La verdad es que ni el guion ni los personajes tienen la más mínima profundidad. Su único y verdadero mérito radica en poder apreciar la belleza de Eva Green, una vez más, en la pantalla grande.

Matchbox (2026) Por alguna extraña razón, John Cena se ha convertido en el superhéroe americano por defecto, y aun con tanta arruga y su pésima actuación, sigue apareciendo hasta en películas de bajo presupuesto como esta. Es evidente que el guion importó muy poco a la hora de filmar; supongo que algún ejecutivo acababa de maratonear series animadas de los ochenta, como M.A.S.K. o G.I. Joe, y tuvo la «brillante» idea de enfocar la historia en un grupo de amigos que, tras jugar con sus carritos, sueñan con usar esos mismos vehículos en una aventura de la vida real. Así se aprobó y así nos llegó a la pantalla. Hay muy poco que rescatar de una premisa tan básica e infantil.
Quizá los más jóvenes la disfruten, aunque como hoy en día ya casi no se juega con juguetes físicos, es poco probable que logren identificarse con los personajes. Para los adultos, la acción es escasa y mediocre. Cena tira de su repertorio de lucha libre, pero se nota a kilómetros la falta de un coordinador que arme coreografías superiores a las de los noventa. Las persecuciones no son tan desastrosas como las de La captura (que ya reseñé este año por aquí), pero si usamos la escala de Rápidos y Furiosos, se quedan cortísimas. No la recomiendo ni siquiera para matar el tiempo. Ya tienen varias opciones, así que dejen pasar esta. Créanme, John Cena y compañía ya cobraron su cheque por esta cosa.





Deja una respuesta