La cinta, originalmente titulada The Uprising en inglés, hace referencia a un levantamiento armado de un grupo de siervos en el siglo XIV. En español se habría traducido simplemente como «El levantamiento» y quizá habría resultado demasiado genérico o poco atractivo. Sin embargo, como en la trama se hace un guiño a que el protagonista (Arador) es el mismísimo Robin Hood, la película terminó llevando su título adaptado para atraparnos: El hombre que desafió al rey.

La historia fluye contándonos cómo Arador, un simple campesino, observa indignado cómo los cobradores de impuestos le exprimen a la gente —esa primigenia clase obrera— mucho más de lo que pueden dar. Al levantar la voz, inspira a otros a cerrar la cartera y a exigirles, primero a sus representantes y luego al rey en turno, condiciones de vida dignas. Tras agrupar a su gente y descubrir que el descontento vibra en otras aldeas, se alía con líderes locales y todos marchan hacia Londres para plantarle al monarca un pliego petitorio en la cara.

No obstante, el rey (quien era apenas un jovenzuelo que se la pasaba viendo cómo su corte hacía lo que le venía en gana) se ve acorralado por la presión popular y decide actuar. Al final, el muchacho traiciona a su corte y traiciona a su pueblo, todo envuelto en la soberbia idea de que, por tener una corona, no le debe rendir cuentas al universo. En la recta final, mientras el monarca viaja hacia algún lugar, es interceptado por una banda de forajidos. Su líder, un tipo encapuchado de verde, le deja una advertencia clara: la resistencia va a seguir luchando.

Las actuaciones, en general, se sostienen. Andrew Garfield cumple bastante bien en los zapatos de Arador, un campesino con brújula propia que no se deja enredar por los dogmas de la iglesia ni por las ilusiones de la realeza. Sin embargo, cuando toca verlo hacer la transición total hacia el mito de Robin, la energía ya no cuaja del todo. El resto del elenco es prácticamente desconocido para el radar comercial, así que me limitaré a decir que están a tono con el drama histórico que salpica la pantalla.

Los efectos visuales y el vestuario son de primer nivel; este tipo de producciones ambientadas en la Inglaterra medieval siempre presumen de buena hechura técnica. Queda clarísimo que la cinta busca exprimir la figura de Robin como el máximo símbolo heroico de los marginados. Esto suele ser la norma en la cultura pop, salvo por aquella adaptación protagonizada por Russell Crowe (no por Hugh Jackman, un clásico cruce de cables mentales) que lo llegó a pintar con tintes mucho más crudos, casi como un mercenario o un simple asesino antes de volverse leyenda.

En conclusión, El hombre que desafió al rey es una pieza de acción y tintes históricos que nos recuerda —o al menos debería sacudirnos la memoria— que los gobernantes están ahí para servir a los gobernados, y no al revés. La recomiendo: tiene una ambientación que te absorbe, Andrew Garfield me cae muy bien, y el arquetipo de Robin Hood como líder rebelde que le quita al rico para dárselo al pobre es una de esas utopías que siempre me van a simpatizar.

Póster de la película 'El hombre que desafió al rey' con Andrew Garfield, mostrando una escena dramática en un paisaje de guerra.

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