Confieso que me emocionó cuando se mencionó el proyecto de esta visión retorcida de una serie clásica de Disney. Salió la película y resultó ser un churro aunque me gustó el intento de hacer algo distinto.
Ahora la segunda parte da un giro a la trama planteada en la primera parte. En la primera parte se entiende que Winnie y Puerquito son personas que usaban máscaras para asesinar. En esta secuela son seres mutantes que tienen el deseo de asesinar. Puede que sea el planteamiento original aunque siento que fue una modificación para bajarle el tono a la película. Pasar de asesinos seriales disfrazados de personajes de cuento a monstruos con sed de sangre.
La trama continua con los eventos de la cinta anterior. Christopher es discriminado porque lo consideran el autor de la masacre de los 100 acres. El vive atormentado por esto y por los recuerdos de dicha masacre. Gracias a hipnoterapia recuerda levemente como fue el secuestro de su hermano mayor y con esto descubre quien fue la persona que lo hizo. De esta manera también descubre que los niños que fueron secuestrados junto a su hermano fueron para un científico que experimento con ellos para crear mutaciones que degeneraron en Pooh y sus amigos. Después de otra masacre en Ashdown, Christopher y Pooh se enfrentan para confirmar que Pooh es su hermano. Christopher lo mata de un golpe de hacha en su cabeza. Christopher se queda a cargo de su hermana y el que sería el Búho se encarga de ayudar a la recuperación de Pooh y Piglet.
La trama al dejar de lado la premisa de que eran asesinos seriales y pasan a niños mutados y trastornados sedientos de sangre baja el tono de la cinta. Lo primero era más real, gente con máscaras que mata gente. Ya se ha visto y tristemente eso pasa en la vida real. Por eso da miedo. Mientras que monstruos genéticamente creados que solo desean matar y que parece no tienen raciocinio nos lleva al mundo de la ficción, de lo irreal. Si agregamos que el uso del gore y las escenas de excesiva violencia al estilo Mortal Kombat no hacen que llevar la cinta a la comedia y la hiper violencia. Es decir, es una película clase B de los ochentas pero con la fantasía de monstruos con alma de niños.
Las actuaciones son malas. Hay una sobre dosis de sobre actuacion por parte de Scott Chambers (Christopher Robin). Todo el reparto o sobre actúa o es poco expresivo. La banda sonora es simple y plana. La cinematografía es buena si consideramos que hay una gran inspiración en los Fatalities de Mortal Kombat aunque algunas ambientaciones parecen de programa de concursos.
En conclusión, Winnie Pooh: Miel y Sangre 2 pudo ser una buena pelicula de suspenso y acción, sin embargo termino siendo un churro desabrido y predecible que muy a pesar de la violencia no convence. En el lactometro charoespacial obtiene una calificación de 5.






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